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El triunfo del diálogo social

Artículo de Mariano Hoya, vicesecretario general de política sindical UGT, publicado en El País.

Era inédito en nuestra democracia que una reforma de este calado consiguiese la aceptación de todas las partes intervinientes en el Diálogo Social. El acuerdo nos debe guiar por la defensa de un trabajo digno y por la dignidad del trabajo. 

En estas segundas Navidades de la pandemia, uno de los mejores regalos que podemos hacer a nuestro país es que demostremos a Europa, y a nosotros mismos, que somos capaces de alcanzar acuerdos en las cuestiones esenciales que afectan al bienestar de nuestros conciudadanos. Una de ellas es el mercado de trabajo, el marco de relaciones laborales en el que personas trabajadoras y empresas deben convivir, que debe servir para robustecer la economía española y redistribuir mejor la riqueza generada.

Por eso es un hecho tremendamente positivo que el Gobierno y las organizaciones que recoge la Constitución española en el art. 7 de su Título Preliminar, los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales, hayamos puesto en valor la concertación social con un acuerdo histórico en el que por primera vez una reforma laboral sirve para recuperar derechos de las personas trabajadoras. Era inédito en nuestra democracia que una reforma de este calado consiguiese la aceptación de todas las partes intervinientes en el Diálogo Social. Este acuerdo, fruto de la concertación, la negociación y el equilibrio, se une a los seis sociales por la defensa del empleo, ASDE, los conocidos ERTE covid, y al pacto por la mejora y el sostenimiento de nuestro sistema público de pensiones. También en este 2021 que despedimos se ha avanzado en materia de igualdad y en la dignificación del SMI.

En España, desde la promulgación de la norma laboral básica en 1980, el Estatuto de los Trabajadores, se han ido sucediendo reformas, algunas traumáticas y especialmente ineficaces como la de 2012, en las que se ha ido desmantelando el derecho del trabajo, eliminando progresivamente las protecciones que este otorga a las personas que trabajan. Eso ha provocado temporalidad, casi el doble que nuestros socios europeos, y una lacerante precariedad. Padecemos un incremento alarmante de la tasa de población en riesgo de pobreza y exclusión social, en la que se incluye un número importante de personas ocupadas, que no nos podemos permitir ni como sociedad ni como país. A reducir la excesiva tasa de temporalidad y a eliminar la precariedad se han dirigido nuestros esfuerzos en la mesa de modernización del mercado de trabajo.

El éxito del diálogo social, alcanzado el 23 de diciembre, debe de servir de faro al resto de la sociedad española porque demuestra que es posible superar la enquistada conflictividad y los elevados índices de crispación que lastran las enormes capacidades que tenemos como ciudadanos y como país. El acuerdo demuestra que es posible consensuar entre diferentes y allana el camino para que una cantidad importante de fondos europeos, 140.000 millones de euros, los llamados Next Generation EU, lleguen a España para ayudar a nuestras empresas y autónomos a reparar los daños económicos y sociales causados por la pandemia.

Este resultado de la concertación social sirve, también, para construir futuro. El acuerdo nos debe guiar por la defensa de un trabajo digno y por la dignidad del trabajo. El trabajo debe convertirse en un elemento central de la economía. Los interlocutores sociales nos debemos dotar de unas normas laborales que permitan la protección de las personas trabajadoras en conjunción con los intereses empresariales. Este acuerdo logrado, que equilibra las partes que intervienen en la negociación colectiva, constituye un hito importantísimo en el avance hacia un sistema eficaz de relaciones laborales con rostro humano.

Debemos expresar nuestra satisfacción por este resultado histórico que nos marca el camino hacia nuevas negociaciones, nuevos acuerdos y nuevas mejoras para los trabajadores, para la economía y para nuestro país.

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